En la actualidad la expresión "hablar con las paredes" significa hablarle al aire, a nadie. También se dice que aquel que habla con las paredes está loco. Pero en el futuro hablar con la pared es hablar con la TV y esto es común en ese tiempo. Todos en sus casas tienen una y viven riéndose de ella, mirándola, oyéndola hasta tal punto que se convierte en parte de la vida.
Cuando Montag despista al sabueso, marcha rumbo al bosque y encuentra un grupo de gente que era apartada. Estas personas eran muy cultas, leían y memorizaban lo leído con la esperanza de "reculturizar" ese mundo. Montag se une a ellos, quienes habían seguido su persecución por televisión para volver a la ciudad y reconstruirla. Querían empezar de cero y reformar la ciudad, construirla nuevamente y empezar un mundo nuevo, culturizado y pensante.
Ese soy yo, a los 15 años, respondiendo las preguntas de la prueba sobre Fahrenheit 451 que me tomaron en el colegio, sin duda uno de los libros que marcaron mi adolescencia.
Ayer, a las 7:30 de la mañana, subió al colectivo en el que viajaba, un chico de unos 13 años con su hermana, de aproximadamente 10. Él sacó la netbook y empezó a teclear. Al poco tiempo le dijo (al aparato, no a su hermana): "arreglate, arreglate... ¿cuándo te vas a arreglar?" La hermanita insistía con que se la prestara. El chico se negó, la cerró y estuvo un tiempo en silencio. Luego la volvió a abrir y después la cerró definitivamente. A las pocas cuadras la hermana sacó su celular último modelo y empezó a ella también a teclear.
Me interesa poco ser ominoso pero no puedo no pensar en Fahrenheit. El dominio de la pantalla es evidente y para qué quemar libros si los consumidos somos nosotros... ¡hasta hay un diagnóstico llamado síndrome de burn-out!
Vaya mi pequeño homenaje al genio que nos permitió y nos permitirá pensarnos a nosotros mismos mediante ese gran estandarte de la resistencia llamado arte.